Reflexiones para el verano: «Tiempo de Vacaciones»

cañizaresAprovechando la tranquilidad estival vamos a dedicar unos minutos a reflexionar sobre nuestra fe en vacaciones. A ello nos invita nuestro hermano el Emmo y Rvdmo. Sr. Antonio Cañizares Llovera, Cardenal Arzobispo de Valencia.
 
TIEMPO DE VACACIONES

Con los meses del verano llegan para muchos las tan necesarias y reconfortadoras vacaciones. Estamos ya en pleno verano. Es el tiempo en que se cierran las escuelas y se concentran los días de descanso. Todos necesitamos de ese descanso reconfortador, de reposo físico, psicológico y espiritual. A cuantos tienen la fortuna de poder gozar de ese espacio reconfortador les deseo una buenas vacaciones y para quienes carecen de las mismas desearía que tuviesen la posibilidad de gozar de ese tiempo en el que cesan las ocupaciones ordinarias para dedicarlo al descanso y a otras importantes dimensiones humanas que la vida diaria no facilita. Las vacaciones son un derecho que a todos debería alcanzar. Por ello mi recuerdo especial y lleno de afecto hacia quienes no pueden dejar su ambiente ordinario, impedidos por la edad, por dificultades económicas o por otros problemas.

Cristo Buena MuerteLas vacaciones se viven muy a menudo y principalmente como una deliciosa pausa que interrumpe con un disfrute físico y exterior la monotonía profesional del propio trabajo. Son días donde se intensifica el bienestar y se vive en la evasión. “Evadirse” puede ser útil, a condición de que no se huya de los sanos criterios morales, de sí mismo y de los demás, del siempre debido respeto a la propia salud y sobre todo, de Dios en quien hallamos el verdadero reposo, el encuentro con la propia existencia, la alegría de vivir, la amistad más profunda con los otros y la reconciliación con su obra de la creación.

En las vacaciones, además del bienestar o de la evasión del descanso, hay algo más. Para que ese bienestar sea auténtico y más hondo es preciso que, en la temporada vacacional, la persona encuentre su equilibrio tanto consigo misma como con los otros, con el ambiente y la naturaleza. Por ser tiempo de descanso, se deberían cuidar los momentos de interioridad, de reflexión personal, de silencio, de escucha. Un fin de las vacaciones es, precisamente, ése que cada uno se encuentre a sí mismo, y halle el propio pensamiento, su ánimo, la propia y verdadera libertad, el sentido de la propia vida.

Las múltiples ocupaciones y afanes de la vida ordinaria y de trabajo, con frecuencia, no nos dejan espacio para algo tan fundamental como el silencio interior. Nos urge hablar y obrar en favor de los hombres y de la sociedad, en favor de los demás y de los nuestros. Pero con ello olvidamos frecuentemente, sin duda, lo más importante: desde dónde obramos y hablamos. El silencio, la libertad interior, la disponibilidad total, el estar a la escucha de Dios son las condiciones necesarias para escuchar efectivamente la Palabra de Dios y, desde ahí, poder hablar y obrar; pero no simplemente por hablar y hacer cosas sino para iluminar y liberar. Hoy tanta publicidad, tantas impresiones recibidas pasivamente, tanta palabrería, tanto pragmatismo sin atención a los fines esenciales de la vida amenazan vaciarnos del todo y hacer de nosotros simples piezas del sistema. El hombre necesita vivir un movimiento de vaivén entre su entrega a las tareas que lo ocupan y preocupan y la retirada de las mismas para poder conservarse hombre de veras. Para esta retirada y este silencio interior, el tiempo de vacaciones es un tiempo privilegiado, es una verdadera gracia que se nos ofrece.18